Parroquia de Ntrª. Srª. de los Reyes

y de San Fernando

 

Agradecemos la aportación de TESTIMONIOS de personas de nuestro entorno, que nos ayudan en estos duros momentos.

Muchas gracias

 

Testimonio agradecido de un cura en su experiencia de acompañamiento

Ignacio Fernández (vicario episcopal de la vicaría VI y párroco en San Juan Bautista, San Bartolomé y San Máximo de Leioa)

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Hace un año, varios presbíteros de la Diócesis formaron un grupo y se ofrecieron a estar disponibles durante las noches en los servicios de atención en los hospitales de Bizkaia. Lo plantearon en la delegación de Caridad y Justicia, que estuvo de acuerdo y comenzaron a funcionar el 1 de junio de 2019, complementando el trabajo de los equipos que se ocupan de la atención religiosa en hospitales -Servicio de Atención Religiosa y espiritual (SARE)-, en el que participan religiosas, presbíteros, laicos y laicas, que mantienen una presencia durante el día.

Uno de los presbíteros que forma parte de ese grupo es Ignacio Fernández, vicario episcopal de la vicaría VI y párroco en San Juan Bautista, San Bartolomé y San Máximo de Leioa. Estas semanas Ignacio ha estado visitando a las religiosas del Amor Misericordioso de Larrondo, donde fallecieron 5 hermanas, las Clarisas de Derio, Las Mercedarias, de Lañomendi y las Carmelitas, de Getxo, con quienes ha compartido oración y celebración, rezando de forma especial por todas las personas que lo están pasando mal debido al Covid 19.

Ignacio ha querido transmitir su testimonio agradecido por la experiencia que está viviendo estos días:

 El pasado 14 de marzo comenzó este tiempo de confinamiento, recuerdo ese primer domingo con una sensación de tristeza, de pena, con ganas de llorar ante una situación nueva, desconocida y llena de incertidumbre.

 En este tiempo, se ha hecho lo poco que se ha podido, a veces con la sensación de que podríamos hacer más, o que quizás deberíamos haber tomado la iniciativa y llamar más a la gente, tratar de estar más presente…

 Hay algunas cosas positivas que he vivido y quiero compartir; recuerdo un día que fui al hospital Quirón de Erandio a confesar a un enfermo de covid, el mismo paciente me dijo, que como no me dejaran entrar, le confesase desde el aparcamiento del hospital, desde donde se veía su habitación. Desde ahí teléfono en mano a distancia, pero viéndonos, tuvo lugar un momento grande de encuentro y de reconciliación. Me impresionó el testimonio de fe, la serenidad y la confianza puesta en Dios, estaba preparado, y quería prepararse para estar en paz con Dios. 

 También recuerdo y agradezco las visitas a hospitales, el buen trato que he tenido en santa Marina, Basurto, Gorliz, recuerdo ir para llevar la comunión a algún enfermo, y acabar realizando alguna que otra unción de enfermos a pacientes de covid 19.

Lo mismo en los cementerios, en el cementerio de Getxo para dar sepultura a una feligresa de Leioa y al verme otras personas que también estaban para dar sepultura a su ser querido me pidieron un responso.

 En resumen, refuerzo mi idea de que nuestra tarea es esencial, que no es ni mucho menos un adorno, un envoltorio, sino que la gente necesita de la esperanza y el amor de Dios, y que espera y desea nuestra presencia en medio de sus vidas, sus dificultades, penas y tristezas.

 Leioa, 12 de mayo de 2020

 

¿Se puede ser feliz en el sufrimiento?

 Jorge Muriel (responsable diocesano de pastoral penitenciaria)

Hoy, el día amanece y sale el sol. Es miércoles y voy a la cárcel de Basauri. Pienso en los chicos. Para ellos los días de sol significa salir al patio y hacer deporte, pasear y liberarse de esos 4 metros cuadros donde comparten celda con otra persona, durante 16 horas.

Pero yo, hoy, tengo uno de esos días de “bajón”. Me siento bien porque ir a visitar a las personas privadas de libertad, ser Buena Noticia para ellas es una gozada, pero me noto que no tengo la “chispa” habitual, ese ánimo que contagiamos para ser testimonio de alegría y esperanza.

Con esto del coronavirus ya no entro hasta el patio, el corazón de la cárcel. No me dejan, normal. Estoy con los chicos en locutorios. Hablo con ellos a través de una mampara y un telefonillo. Allí escucho sus historias, sus quejas, sus sueños. Allí rezamos, reímos y consolamos. Lo cierto es que tienen historias para escribir películas. Me siento un privilegiado por “estar” y escucharles. Allí en ese pequeño y frío espacio Dios se hace presente y siento que me mira con ojos de ruego, con sonrisa de agradecimiento, con gesto de esperanza.

El primero en entrar es Armando y en dos minutos ya me ha calado. “¿Qué te pasa Jorge?”, me pregunta preocupado. “Tienes mirada triste”. “No tengo un buen día” le reconozco. Sonrío mientras estoy pensando que delante de mis ojos tengo chispazos de un Dios que se preocupa por mí. Yo, un hombre libre, que siente a diario el amor del Señor y de los suyos, ahí está… siendo evangelizado por los presos.

Armando me anima y me saca una sonrisa. Me cuenta cómo gestiona él la incertidumbre de su incierto futuro, me dice que después de este tiempo de “parón” en su vida quiere cambiar cosas, hábitos que le hacían daño, me comparte que se está dando cuenta de las personas que se preocupan por él. Personas que le llaman y le escriben, personas que le reconocen y le perdonan.

Y me habla de la importancia de saber perdonar. “Yo escribo muchas cartas, y en todas doy gracias a la gente. Es una suerte tener personas que se preocupan por ti” me dice: “Practica el agradecimiento, Jorge. No te canses de dar gracias. También a Dios, Él es el que nos sostiene y nos cuida” insiste. Se despide de mí con un “¡adelante Jorge!” y una sonrisa de agradecimiento. Yo bajo la mirada y me dan ganas de llorar de alegría. ¡Qué importante es poner en valor a los “cuidadores”!, esas personas que saben cuidar con ternura y paciencia.

Me siento un privilegiado por “estar” y escucharles; por encontrarme con Dios en este lugar tan inhumano. Y recuerdo el texto de Hebreos “acordaos de los presos como si estuvierais con ellos encarcelados” (Hb 13,3) ¿Se puede ser feliz en el sufrimiento? ¿Los presos te pueden evangelizar? Mi respuesta es un sí rotundo, y mi vida da testimonio de ello.   

                                                         Bilbao, 18 abril de 2020

 

Testimonio de un cura diocesano de Bilbao

Iglesia de San Nicolás de Algorta

Javier Garay es cura en las parroquias de San Martín y San Nicolás de Algorta. Vive en la casa parroquial de San Nicolás donde actualmente están acogidas 24 personas. Una familia de Venezuelados madres solteras y unos jóvenes migrantes. La parroquia lleva años en la acogida de personas migrantes y necesitadas. Ahora, en este tiempo de confinamiento, la necesidad se ha acuciado y la familia ha aumentado. Varios de los jóvenes estaban en otros albergues o en la calle. Han adaptado los locales para poder pasar esta temporada. Así lo cuenta el propio cura diocesano:

¿Cómo os estáis arreglando?                                       

Hemos adaptado los locales de la parroquia para poder pasar el confinamiento. En una sala hemos puesto un espacio para hacer ejercicio, en otra unos ordenadores, una televisión, mesas para jugar... de manera que puedan dar servicio a todas las personas que están acogidas y que, sobre todo, nos interesa que puedan aprovechar este tiempo lo mejor posible.

¿Las personas de la parroquia se están implicando también?

Hay mucha gente en la parroquia que colabora durante el año con este proyecto y que en este confinamiento también está cerca de nosotros. Nos escribe, nos manda donativos, nos traen pedidos de comida... la comunidad está volcada, aunque algunos no puedan estar aquí físicamente en el proyecto y la acogida.

¿Qué otras actividades lleváis a cabo en San Martín y San Nicolás?

Hay otras actividades en la parroquia. Procuramos llamar a muchas personas que viven solas y que agradecen la llamada. Seguimos trabajando con algunos grupos on line, preparando materiales... Seguimos también con el grupo de voluntarios haciendo la recogida y el reparto de alimentos. Hay muchas familias que están pasando una situación muy difícil. Nos toca acompañar con la oración a familias que han perdido a sus seres queridos en esta situación tan difícil...

¿Cómo habéis celebrado la Semana Santa?

La Semana Santa ha sido especial porque la hemos celebrado también de una manera especial con la familia de Venezuela que vive en nuestra casa. Para mí ha sido un regalo pasar estas circunstancias de confinamiento con toda esta compañía que es expresión de una comunidad cristiana que quiere ser acogedora.

 

Cáritas acompaña a las personas sin hogar alojadas en la Casa de Espiritualidad cedida por la Diócesis de Bilbao

(Grupo de comunicación de la parroquia San Fernando)

Uno de los muchos proyectos que está realizando la Iglesia de Bizkaia junto a las instituciones públicas,  está orientado a las personas sin hogar que nos envía el Ayuntamiento de Bilbao. Tras una estancia temporal en los polideportivos municipales, se ha buscado una ubicación más adecuada para esas personas, en este tiempo de confinamiento.

A día de hoy, 25 personas sin hogar están instaladas en la Casa de Espiritualidad de Begoña, cedida por la Diócesis de Bilbao. El grupo está acompañado continuamente por un equipo de Cáritas que atiende las 24 horas sus necesidades psicológicas, médicas etc.  

Como sabemos en un momento dado, el Ayuntamiento de Bilbao situó en polideportivos de Bilbao a las personas que viven en la calle. Era complicado sostener a 50-60 personas en esa ubicación. Finalmente se han conseguido albergues o residencias más pequeñas para ellos. Una de ellas es la casa que las Siervas de María tienen en el Campo Volantín y otra la Casa de Espiritualidad que la diócesis tiene en Begoña.  

Carlos Bargos, director de Cáritas, nos comenta que la salida de esta crisis social y económica va a afectar a los más débiles y que cuando pase esta ola de urgencia sanitaria nos vamos a encontrar con una situación dramática.

Pero la luz de la esperanza no se apaga… ahí estamos y estaremos nosotros/as, como iglesia, con todos los proyectos que tenemos en favor de las personas que necesitan nuestra ayuda: Gizakia, Tercera Edad, Uste on, pastoral penitenciaria, pastoral de la salud, Lagungo, Koopera, Sutondobarri, Adro… y así hasta más de una veintena de fundaciones.                                           

 

¿Seguís yendo al hospital? Sí, seguimos yendo al hospital

Equipo del Servicio Religioso del Hospital de Basurto

(Publicado en "bizkeliza.org" el 03.04.2020)

El equipo del Servicio Religioso del Hospital de Basurto, nos traslada su testimonio en la Pastoral de la Salud en estos días. Comienzan diciendo que una de las preguntas que más les hacen últimamente, “siempre desde el cariño y preocupándose por nuestra salud”, es: ¿Seguís yendo al hospital? “Sí, -dicen- seguimos yendo al hospital”. Pero si las iglesias han cerrado –les responden- ¿qué hacéis en el hospital? “sencillamente, -contesta- hacemos la labor que venimos haciendo habitualmente, pero ateniéndonos a lo que nos dicen, podemos visitar menos, hay restricciones y no podemos pasearnos por los pasillos del hospital como antes. Si nuestra presencia en el hospital tiene sentido, más aún en estos momentos de mayor dificultad, de mayor vulnerabilidad, de mayor sufrimiento”.

"La sensación cuando entras al hospital, en una palabra, es tristeza. Tristeza al ver el jardín vacío, sin ver a los enfermos tomando el aire en ese pulmón del hospital, sin ver a sus familiares con ellos en los bancos o paseando. Tristeza al ver los pasillos de los pabellones vacíos. Tristeza al ver a enfermos que no tienen visitas, bien porque no puede venir nadie al ser persona de riesgo el familiar, o bien porque el propio enfermo pide a la familia que no vaya por si acaso. Mucha soledad. Y estamos hablando de los enfermos que no tienen el Coronavirus, así que quienes sí lo tienen, mayor soledad. Porque en el hospital hay enfermos de Coronavirus, pero también sigue habiendo enfermos de todo tipo a quienes hay que seguir acompañando.

A los enfermos de Coronavirus estamos acompañando desde la distancia, es decir, haciendo labor de intermediación, buscando dónde están ingresados, preguntando si la familia le puede llevar móvil para comunicarse con el enfermo, hablando un momento por el interfono, oraciones desde el propio hall ante la imposibilidad de acercarnos, llamadas a los familiares interesándonos por la evolución, haciendo oraciones por teléfono, etc.

Nuestra capilla sigue abierta de 9:00 h a 21:00 h., de lunes a domingo, a pesar de haber tenido que suspender temporalmente las eucaristías que veníamos celebrando. Y es en esta capilla donde estamos encontrando mucho dolor y sufrimiento. Personas que se refugian ahí mientras su

familiar está muriéndose y a quienes escuchamos, damos consuelo, oración o incluso agradecen una galleta y agua. Personal del hospital, sanitario o no sanitario, que acude a la capilla a rezar y nos pide que recemos, que acude buscando un sitio de paz, de sosiego.

Dentro de todo este dolor y sufrimiento, sentimos que Dios está sosteniéndonos y ayudando a acompañar cada situación, cada persona, cada familia. Cada día vivimos la emoción a flor de piel. Y no es para menos, tanto por el sufrimiento que vemos, pero también por las muestras de cariño y agradecimiento que recibimos. Los mensajes de agradecimiento de las familias y enfermos son muy emotivos y ayudan a seguir al pie del cañón. Estamos ayudando a poner palabra al dolor, es decir, dotar de oraciones para que las familias y los enfermos puedan orar, aunque no podamos estar físicamente con ellos. Tenemos estas oraciones en la capilla y animamos a cogerlas y orar con ellas. En este sentido, también decir que hemos podido ponernos en contacto con algún tanatorio y mandarles material de oración para que se lo ofrezcan a las familias que acudan a hacer los trámites pertinentes, ya que están cerrados. Algo con que puedan despedir a sus seres queridos. Ha sido muy de agradecer la acogida que ha tenido en los tanatorios nuestra oferta.

Hay que poner de relieve también, lo bien que se nos está cuidando desde la diócesis, desde la Delegación de Caridad y Justicia. Preocupándose por nosotras y poniendo a nuestra disposición medios psicológicos en caso de necesitar. También la disponibilidad de los curas más jóvenes para atender lo que necesitemos en el hospital. Muy agradecidas por el apoyo de todo el equipo de personas voluntarias que forman parte del Servicio Religioso de Basurto, que nos llaman a diario, les sentimos como si estuvieran con nosotras en el hospital. La situación también ayuda a que estemos más unidas que nunca, a pesar de vernos menos para no coincidir en turnos, nos llamamos continuamente apoyándonos y dando lo mejor de cada una. También nos sentimos más unidas al resto del personal del hospital, desde quien limpia, pasando por auxiliares, enfermeras, médicos, centralita… Nos apoyamos unos en otros, vienen a la capilla a rezar, nos piden que recemos, y comparten con nosotras sus preocupaciones.

Son días complicados, pero llenos de sentido, más sentido que nunca, sostenidos por el Dios Padre-Madre misericordioso que no nos abandona y está velando con nosotras en este camino”.