Parroquia de Ntrª. Srª. de los Reyes

y de San Fernando

 

 

VIGILIA PASCUAL - DOMINGO DE RESURRECCIÓN (Abril 2020)

 

 

Vivimos de una noticia

 

¿De qué vivimos, año tras año los cristianos? Si lo pensamos fríamente, tenemos que remitirnos a una noticia: ¡No está aquí!

Es más, una noticia que la comunica una mujer (María Magdalena), con todo lo que suponía en aquella cultura semítica y mediterránea de comienzos del siglo primero: se pedía un testimonio de al menos dos testigos, pero una mujer no podía ser testigo.

¿Qué valor le podemos dar a esta noticia? ¿No será una «fake», un «bulo», como replican algunos? Es verdad que para ser un «bulo», son más de dos mil años de historia ¿No dura demasiado para no ser verdad? ¿Cómo sostener los palos de este sombrajo si no hay nada de cierto? ¿No estamos condenados a la desesperación si mantenemos una noticia que puede ser incluso dañina?

 

Vivimos de una certeza

 

No, no es un bulo. La fe cristiana nace de una certeza: «Es verdad, ha resucitado».

La Resurrección de Cristo es muy débil, porque nace de la certeza de unas mujeres y de unos hombres que habían sido sus discípulos. ¿No será, entonces, una huida hacia delante? ¿No será la resurrección un intento de que la causa de Jesús no se disuelva en la nada como un azucarillo?

Esta segunda objeción es tan antigua como el mundo. Quizás los que la sostienen, pensando en la necesidad de mantener lo insostenible, no se dan cuenta de que la fe la mantienen los pobres de espíritu, los sencillos que confían en Dios, los que ven la vida desde la otra orilla. No hay ningún tinglado que mantener; es la certeza de que Jesús está vivo, con ellos, con el ser humano que se abre a la humanidad de Dios.

 

Vivimos de un don.

 

La fe, una vez más, solo se entiende desde el don que se recibe. Cuando hacemos nuestros pinitos como «filósofos», exigimos que nos expliquen el misterio de Dios. Si no lo entendemos, lo rechazamos por ser contrario a la razón ¡A nuestra pobre y pequeña razón!

Sin embargo, con la vida y su devenir, cuando aceptamos que no lo sabemos todo, ni controlamos todo (recordemos nuestra experiencia con el coronavirus), aceptamos que tampoco somos dueños de nuestra fe: es un don. La fe en la resurrección de Jesús no es fruto de nuestra reflexión, sino de un don que aceptamos en humildad.

 

Vivimos de una esperanza.

 

La fe en Cristo vivo no es un «don cerrado» en sí mismo, sino que nos hace mirar más allá, soñar más allá, ver más allá.

La fe en la resurrección nos abre a la esperanza. Si hay esperanza, hay vida. Si hay resurrección y hay esperanza, hay humanidad que puede seguir mirando de forma luminosa al futuro.

En términos religiosos: si hay resurrección, no solo hay esperanza, sino certeza de salvación. La salvación de cada persona no depende, por tanto, de su fuerza, de su valor, de sus capacidades. La salvación nos ha sido dada en la Resurrección de Cristo.

La Pascua no es solo memoria agradecida de un ajusticiado, sino certeza de que hay vida y vida plena.

 

El Señor ha resucitado.

Anunciemos sin miedo esta Buena Noticia.

Son muchos los que aún la están esperando.

Que cada uno de nosotros seamos testigos de Cristo Resucitado.

Y, a pesar de las dificultades que vivimos estos días…

 

¡FELICES FIESTAS DE PASCUA!

 

ZORIONAK ETA PAZKO ZORIONTSUA!

 

¡Vivamos en paz, aleluya, aleluya!