Parroquia de Ntrª. Srª. de los Reyes

y de San Fernando

 

 

DOMINGO DE RAMOS: ESTE AÑO, EN AMBULANCIA

(Mateo 21, 1-11)

La liturgia del domingo de Ramos no es celebrar que, hace 2.000 años, Jesús hizo una entrada apoteósica en Jerusalén, a lomos de un cuadrúpedo asnal. El evangelio que narra eso se lee en la procesión previa a la misa propiamente dicha. Luego se acaban los ¡vivas! y el relato de la pasión -según Mateo, este año- tiñe ya de dolor toda la semana. Aquí vamos a comentar lo del jolgorio mesiánico en el que participaron hasta los pequeños de los barrios de la capital.

Lo cierto es que el Domingo de Ramos de este 2020 va a ser un tanto especial, diferente, extraño y lo recordaremos durante algunos años, seguro. ¿Por qué? Porque ahora las palmas y los laureles van a conservar sus ramas intactas, que un minúsculo bicho se nos ha metido en la vida y nos ha cortado todos los caminos. Casi todos los que leamos esta página estamos confinados en nuestras casas, ¿no? Y, si hay quien pisa la calle es porque forma parte de ese grupo de personas a las que aplaudimos todos los días a las 20:00, y están currando en diversos frentes para que se curen los enfermos, produzcan los campos y las fábricas, nos transporten los alimentos y los medicamentos hasta nuestras cercanías, atiendan las llamadas de urgencias y vigilen que haya la seguridad imprescindible.

En todas y cada una de esas sacrificadas personas habita Jesús que, este domingo, llega en una ambulancia o en un carro de bomberos o de la policía y, seguro, en cada camilla que circula por los pasillos de los hospitales de siempre o de los improvisados de ahora. Que esta es la Semana santa del Coronavirus, no de los ramos, y vamos a recordar que los aplausos de estas noches son también para el Dios que habita en los aplaudidos y los aplaudientes. Como entonces y ahora, Jesús camina hacia la vida y grita a todo el que le escucha que hay que seguir adelante, sin miedo, sin perder la dirección, sin esperar milagros televisables, conscientes de que el milagro de la vida revienta en todas las vidas, aunque las lágrimas salten como piedras porque los enemigos de la vida se han llevado por delante a algunos de los nuestros… Nosotros esperamos que no se perdieron por el camino y que hubo unos brazos que las recibieron. ¿No los hubo para el mismísimo Jesús, a quien también aplastó otro virus aposentado en los corazones de los propietarios de Dios?

Se me estaba ocurriendo que, si alguien lee en voz alta este texto en medio de la pequeña comunidad familiar, a falta de ramos, bien podíamos aplaudir al Señor con las tapas de las ollas y los tenedores, a ritmo de cuanta música acompaña a la primavera en las diversas geografías y, si hay niños, pues que griten hosanna o lo que cuadre… Claro que lo que no habrá, será una burra con su pollino-hijo… Esta vez, Señor, tendrás que cabalgar sobre corazones que, seguro, te va a gustar más.

Y si alguien se preguntara, desde la soledad de las calles: ¿qué sucede hoy aquí?, ¿se han vuelto locos?… le contestaremos: es Jesús de Nazaret, con buzo, gorro y mascarilla, el profeta que va camino de la cruz y de la Pascua-Primavera de la vida.

 

(Juan Ignacio Vara – Cura diocesano de Bilbao)